La semana pasada hablamos de la fauna del Clot de Galvany; hoy nos centramos en su floración diversa, que cambia según el ecosistema y aporta un valor natural único al paraje.
En las antiguas terrazas de cultivo destacan el granado, la higuera, el algarrobo, la lechetrezna y el lentisco, especies ligadas al pasado agrícola de la zona.
Las charcas reúnen plantas acuáticas esenciales como la enea, la lenteja de agua, la espiga de agua, el carrizo y el junco.
Las dunas acogen vegetación resistente al viento y la sal, como la sosa fina, el pino piñonero, el lirio de mar, la cuscuta y la oruga de mar.
En el fondo marino, la riqueza vegetal se refleja en especies como Caulerpa prolifera, posidonia, alga de vidrieros, cola de pavo, Cymodocea nodosa y Caulerpa taxifolia.
En montes y lomas predominan el pino carrasco, el albardín, el esparto, el palmito y la cambronera, mientras que la playa alberga plantas pioneras como el asterisco de mar, el hinojo marino, la adormidera marina y el cuerno de mar.
Por último, el saladar destaca por su flora halófila: salsona, romero marino, saladillas siemprevivas, sosa alacranera y taray, todas ellas adaptadas a suelos cargados de sal.
La flora del Clot de Galvany forma un mosaico natural imprescindible para la biodiversidad y la identidad del entorno.
